Saina

Hola a todos, os dejo un relato corto a ver si os gusta.
Intentaremos ir retomando todo esto poco a poco.
Felices pesadillas...








SAINA


Una historia de Seve González

















Un día gris llegaba a su fin mientras Pablo preparaba una frugal cena a la espera del regreso de Rosa, su mujer, de otra interminable jornada laboral. Rosa trabajaba como comercial en una conocida firma farmacéutica desde hacía cinco años; se tiraba a su jefe desde hacía dos y Pablo lo sabía. Lo sabía desde hacía unos meses, pero creía que todo pasaría y volverían a la anterior normalidad. Había mantenido oculto el secreto de su mujer, disfrutandoincluso en un principio ante la inventiva de Rosa ante sus continuos interrogatorios.
Pablo trabajaba en una notaría hasta que la crisis llegó, y los ajustes de las restructuraciones de plantilla, muy en boga últimamente, le habían llevado al paro seis meses atrás.
Un parado tiene mucho tiempo libre y Pablo tuvo el suficiente para comprobar in situ cómo su mujer se iba a algún hotel de pocas estrellas con su actual jefe, Javier, un fiel reflejo de la proyección de hombre que era Pablo cuando él y Rosa se conocieron, hacía ya muchos años, en la universidad.
Se empezaron a tratar cuando ambos estudiaban Derecho y Pablo, además de ser un buen estudiante, era ambicioso y brillante. Todo apuntaba a que iba a ser una persona de éxitoasí le veía su futura mujer, seguramente mucho más ambiciosa que él.
Ahora en el paro, a sus cuarenta y dos años se sentía frustrado. Esa sensación de desilusión en lo profesional se extrapolaba a lo personal con un matrimonio que hacía aguas, una mujer infiel y una frustrante incapacidad de afrontar la situación a expensas de que ella se aburriera acorto plazo de los encuentros con Javier. Esa incapacidad, en tristes ocasiones, se convertía en un injusto sentimiento de culpabilidad por no haberle dado a Rosa la vida que esperaba.
La desidia se había apoderado de él en los últimos tiempos. Pero aquella tarde no, aquella tarde iba a afrontar la situación. Rosa llevaba tres días seguidos enviándole  whatsapps diciéndole que tenía mucho trabajo y que llegaría tarde. De hecho, cuando ella había llegado las tres noches anteriores, él ya dormía. Dormía mucho últimamente. Ella nunca había tenido "encuentros" tres días seguidos, así que seguramente no habría un cuarto, ya que, por lo que sabía, Javier también estaba casado. Todas las mentiras tienen su límite.
Se había pasado la tarde viendo la televisión y había comprado una buena botella de Rioja para relajar el ambiente durante la cena. Su idea era plantear una treguaen pos de recuperar la ilusión, tal vez tener un hijo.
A las nueve y quince minutos de la noche, unwhatsapp anunciaba el peor escenario posible:
"Cariño, tengo mucho trabajo, llegaré lo antes que pueda".
"OK", contestó Pablo, y de inmediato abrió la botella de vino.
Ya eran las diez y media de la noche y no había señal de Rosa. Pablo se sentía solo, solo y ebrio. La botella de vino había durado menos de lo esperado. Encendió su Macy entró eFacebook. Había pensado participar en algún chat pero consideró que la red social estaba más libre de troyanos.
Llevaba meses sin conectarse. Estaba bebido ynecesitó introducir la contraseña tres veces antes de conseguir iniciarlo. Una vez dentro, comenzó a buscar: "Chicas", "Sexo gratis", "Famosas", "Chicas de tu ciudad", y esta última fue la que llamó la atención. Fotos de mujeres que supuestamente residían en su ciudad. Entre todas ellas, una en particular, Saina, fue la que le atrajo. Una foto en primer plano le invitaba a ver su perfil.Seleccionó, clic y ya estaba en su muro. Revisó ansiosamente sus fotos; además de la foto en primer plano,tenía alguna en bikini, otras posando Sintió cómo se excitaba, cerró la pantalla del portátil y se fue a dormir.
Escuchó el agua de la ducha y el rugir de la caldera al irradiar agua caliente. Rosa se acababa de levantar, eran las siete y media de la mañana como cada día. Un latigazo de deshidratación apuntaló su cabeza, no estaba acostumbrado a beber.
Se levantó y preparó dos cafés. Esperó a su mujer en la cocina, en aquella mesa de desayuno que tanto odiaba. Encendió su móvil. Rosa entró en la cocina tarareandoAlways, de Bon Jovi.
¿Cómo estás, cariño? Ayer roncabas como una hiena. Ese era el buenos días de Rosa.
Bien. ¿A qué hora llegaste? contestó Pablo—.Seguro que estás satisfecha.
¿Cómo? contestó ella.
Digo que con la cantidad de horas que trabajas, te sentirás satisfecha, realizada, quiero decir...- contestó Pablo, mientras observaba su móvil y veía cuatro alertas de Facebook.
Sí, la semana que viene me voy a un congreso a Madrid le respondió ella.
Ella hablaba y hablaba sobre el congreso, pero Pablo intentaba ver las alertas de Facebook mientras oía de lejosel eco de la voz de su mujer.
Una solicitud de amistad y dos mensajes. Empezó abriendo los mensajes:
"Hola, ayer te lo pasaste bien viendo mis fotos. Yo he visto tu foto de perfil no estás mal".
Segundo mensaje:
"Por cierto, me llamo Saina".
Solicitud de amistad: "Saina Samaniego quiere ser tu amiga en Facebook”.
Pablo se puso nervioso, su mujer hablaba y hablaba, congreso para arriba y para abajo. Así que, sin pensar mucho, la agregó y cerró rápida y culpablemente la aplicación.
¿Por qué me siento culpable? Si es ella la que me está engañando, pensó Pablo.
Rosa se tomo el café a toda prisa y regresó a la habitación para terminar de maquillarse. En ese instante Pablo abrió el Facebook rápidamente, con la curiosidad de saber si tendría más mensajes después de haber agregado a Saina. Ningún mensaje nuevo. Entró en el perfil de Sainay vio: "Activo ahora". Se puso nuevamente nervioso, y cerró rápidamente Facebook.
"A ver si se va pronto y puedo campar a mis anchas",pensó Pablo.
¿Qué vas a hacer hoy todo el día, pequeño holgazán? ¿Te vas a dignar por fin a buscar trabajo? dijo su mujer, entrando de nuevo en la estancia.
Mientras, Pablo pensaba: "¿Y tú? ¿Se la vas a chupar a tu jefe?".
Pues pensaba trabajar todo el día con el ordenador, a ver si aparece algo mintió él.
"A ver si se va de una vez", pensó de nuevo.
Bueno, me voy. Ojalá esta noche me des buenas noticiasle contestó ella, poniéndose una elegante chaqueta negra mientras abría la puerta de casa.
Un portazo, y silencio. Pablo esperó unos segundos que se le hicieron eternos para abrir su Mac, como un niño cuando se van sus padres y no quiere hacer los deberespero teme que regresen repentinamente.
Transcurrido un tiempo prudencial, abrió el ordenador y entró en Facebook, "Saina Samaniego, ¿dónde estás?". "Activo hace veinte minutos". Miró en su muro y decidió esperar y reflexionar una respuestaadecuada a sus mensajes,. Hoy era el cumpleaños de Saina, cumplía treinta años según Facebook.
Holamensaje de Saina Samaniego.
Una agradable sensación recorrió su estómago al ver el mensaje y la foto de Saina en el chat recién abierto.
Hola.¡Felicidades! contestó él.
Gracias. ¿Tú no trabajas? Son casi las nueve de la mañana.
No... estoy en el paro. ¿Y tú?
También, antes era enfermera. ¿Y tú?
Abogado mintió él. "Ya empezamos mintiendo”,pensó.
¿Qué vas a hacer por tu cumple? ¿Algo especial?preguntó Pablo.
Siempre me gustaba ir a cenar a un restaurante italiano, pero este año no tengo quien me lleve...
¡Te llevo yoescribió Pablo presa de los nervios, mientras le temblaban ligeramente las manos.
Mándame una foto. La del muro ya la tengo muy vista...
Pablo buscó rápidamente en el Mac, tenía que ser alguna foto que estuviera especialmente guapo. Ya está, la de la boda de su amigo Manuel; no, estaba con Rosa en la foto. Encontró una de la boda en la que salía él solo,vestido con un traje negro que estilizaba su figura. En los últimos meses había ganado unos kilos, pero se seguíasintiendo como el hombre atractivo que era.
Se la envió ansioso por ver su respuesta.
Me gustale contestó ella. ¿Has visto todas mis fotos?
Sí, también me han gustado... Bueno, ¿te apetece cenar conmigo?
Luego te lo digo...
Pablo vio el nefasto aviso de FacebookActivo hace un minuto. Pasó las horas intentando pensar en otra cosa,pero no podía evitar ver una y otra vez en su cabeza la foto de Saina. El día transcurrió sin pena ni gloria. Pablo, como de costumbre, comió solo, para después echarse la obligatoria siesta de reglamento.
Despertó sobresaltado de la siesta. No tenía muy claro si era por la mañana o por la tarde, una de esas pequeñas pasadas que nos juega el cerebro.
Miró su teléfono móvil. El icono de whatsapp estabafijo en la parte superior de la pantalla.
¿Será Saina? ¡Qué estupidez! No tiene mi número. Pero ¿y si me ha buscado o alguien se lo ha dado? ¡Otra estupidez!"dijo entre dientes.
Era un whatsapp de Rosa:
"Esta noche llegaré tarde. Tenemos que preparar el congreso, se ha adelantado y nos vamos pasado mañana".
"OK. Cómo no", contestó Pablo.
Dejó el móvil de mala gana sobre la mesa. Abrió su portátil, entró en Facebook y voila ici, un mensaje de Saina Samaniego:
"A las ocho y media, en mi casa, calle Sepúlveda,36, bajo. Ponte guapo y quiero un restaurante italiano".
"Allí estaréescribió mientras sentía un hormigueo en su estómago y pensaba "Lo prohibido sienta bien".
Cogió su móvil y envió un whatsapp a su mujer: 
"Voy a salir a cenar con Manuel. Volveré tarde".


A las ocho y media estaba en la calle Sepúlveda, 36,con puntualidad británica. Una atractiva y joven mujer rubia le esperaba. En vivo era todavía más bonita, tenía el pelo rubio peinado hacia atrás y recogido en una cola de caballo que coronaba un rostro de facciones suaves y proporcionadas. Su mirada, curiosa e inquieta, le daba un aspecto dulce y aniñado, mezclado con un cierto toque de picardía. Llevaba un bonito vestido rojo de falda por encima de las rodillas que mostraba un cuerpo delgadopero a la vez contorneado.
Se presentaron, se dieron dos besos y media hora después compartían mesa y ensalada César en De Micheles, un conocido y no muy económico restaurante de la ciudad.
Tras la ensalada, Saina degustó unos tagliatellecuatro quesos , mientras Pablo la secundaba con unosgnocchi a la sorrentina, todo ello acompañado de una botella de tinto italiano de la Toscana. A los postres, doscannolos con un moscatod´asti. Un par de chupitos de grappa pusieron fin a una agradable y abundante cena.
Habían conectado bien, tenían aficiones e inquietudes en común. Pablo no le mintió esta vez. Le contó que estaba casado, matizando que su matrimonio no vivía un momento dulce, principalmente por la promiscuidad de su mujer.
Saina estaba soltera. Vivía sola con William, su gato siamés. Todos sus seres queridos, de una manera u otra,habían desaparecido de su vida.
Al acabar la cena, y después de una agradable sobremesa, decidieron dar un paseo que concluyó en la puerta de la casa de Saina.
Ha sido una cena agradabledijo Pablo.
Me lo he pasado muy bien, me gustascontestó ella.
Y tú a mí, Sainadijo Pablo mientras se envolvían en un largo beso. Pablo sintió los húmedos labios de Sainaenjuagándose con los suyos mientras un dulce escalofrío recorría su espalda.
¿Puedo entrar? Vamos, si quierescontinuó Pablo tras el largo y profundo beso.
Todavía no. Es pronto, no lo estropeemosdijo ella. Le dio un beso en la mejilla y se despidió.
Esperadijo Pablo cuando ella ya estaba entrando en su portal—. No tengo tu número.
Ni yo el tuyo. Mañana te lo doy por Facebook,estoy muy cansada. Hasta mañanacontestó ella mientras cerraba la puerta.
Pablo se sentía exultante. Caminó hasta su casa envuelto en dulces pensamientos.
Llegó a casa y se sirvió un vaso de leche para evitar tener ardor tras los excesos con el vino y la comida. Cuando entró en su dormitorio observó a su mujer, que dormía boca abajo medio destapada. Se sentía muy excitado. Se echó a su lado y comenzó a acariciarle la espalda suavemente con el dedo índice.
¿Qué tal está Manuel? dijo ella medio dormida.
Cállatele contestó él mientras le dababruscamente la vuelta y comenzaba a besarla salvajemente. Ella, sorprendida ante el regreso de la pasión, se entregó e hicieron el amor como hacía años que no lo hacían.

A la mañana siguiente, el sonido del agua de la ducha trajo a Pablo de regreso de sus sueños. La resaca hacía mella en él, un terrible dolor de cabeza y una desagradable sensación febril le daban los buenos días.
Se levantó y preparó dos cafés, el suyo con ración doble de ibuprofeno. Rosa entró en la cocina ya vestida para trabajar.
Me tengo que ir rápido, que hoy tenemos mucho trabajodijo ella—. Lo de ayer estuvo muy bien, Pablito. Le dio un beso y, casi sin darle tiempo a contestar, salió de la casa.
De inmediato encendió el ordenador y abrióFacebook en busca de algún mensaje de Saina. Nada. No hay mensajes”. Comprobó si estaba conectado a la red Wifi y así era.
"Estará durmiendo. Las dejo rendidas", pensó riéndose para sí mismo.
Buscó el muro de Saina y algo le sorprendió: ya no estaba entre sus contactos. Saina Samaniego, buscar. No había resultados. Saina Samaniego había desaparecido deFacebook.
¿Me habrá bloqueado?se interrogó¿Qué habré hecho mal?
No se encontraba muy bien, la resaca era de nivel profesional. "Ya no estoy para estos trotes", se dijo a sí mismo mientras se volvía a acostar y caía en un profundo sueño.
Despertó horas más tarde, pero la resaca, en vez de mejorar como es debido, se había incrementado. "Creo que tengo fiebre, joder".
Se duchó y se sintió relativamente mejor. Se vistió con unos jeans y una vieja camiseta, y se dirigió a casa de Saina. Sabía que era muy pronto para agobiarla pero se sentía un poco preocupado. Tal vez la cena no estuviera en condiciones y por eso se encontraba tan mal. A lo peor Saina necesitaba ayuda. No era un pensamiento muylógico, pero algo no olía bien y la fiebre no le dejaba pensar con claridad.
Llegó al mismo portal donde la noche anterior viejos sentimientos enterrados profundamente habían vuelto a la vida.
Llamó a la puerta.
Un joven abrió.
Hola. ¿Está Saina?preguntó Pablo.
¿Quién?contestó el chico.
Saina Samaniego, vive aquícontestó Pablo, que se sentía muy enfermo. Era la diosa de todas las resacas.
Papá, aquí hay un hombre muy raro que pregunta por no sé quién.
Al momento, un hombre de mediana edad entrado en carnes se asomó al umbral.
¿Es usted familia de Saina? preguntó Pablo.
Amigo, lárguese. No tiene buen aspecto.
Una mala noche la tiene cualquiera contestó Pablo—. Por favor, solamente dígame si Saina está bien y no molestaré más.
Aquí no hay ninguna Saina. Váyasereplicó el hombre, que se estaba empezando a enfadar—. Aquí solamente vivimos mi hijo y yo.
Pero si ayer la acompañé hasta aquí y entró en casa... dijo Pablo, incrédulo.
Pues amigo, aquí vivimos desde hace seis meses y nunca ha entrado una mujer que no sea la chica de lalimpieza. Vaya a descansar... dijo mientras cerraba la puerta de un portazo.

Pablo regresó a casa y encendió el ordenador. Buscó en Facebookpero no había ni rastro de Saina. La buscó en la guía telefónica de internet y encontró un número de teléfono fijo.
Marcó el número...
Digacontestó la voz de un hombre de avanzada edad al otro lado.
Buenas tardes. ¿Podría hablar con Saina Samaniego?
¿De parte de quién?contestó el viejo con voz temblorosa.
Soy un amigo suyo, estuve cenando con ella ayerpor la noche.
¿Ayer? Pero ¿qué clase de broma es esta? No vuelva a llamar, hijo de puta dijo el viejo gritando. Ycolgó el teléfono.
Pablo no entendía nada ¿Qué había pasado ayer para que el viejo se alterara tanto? Seguramente sería su padre. Saina le había mentido, no vivía sola con su gato, salvo que el gato supiera contestar al teléfono. Se encontraba hecho un lío y cansado, la resaca no remitía yla fiebre parecía ir in crescendo. Así que dejó una nota a Rosa diciéndole que no se encontraba muy bien y se acostó.
Cuando despertó, estaba empapado en sudor. Rosa le miraba de pie junto a la cama.
Has pasado muy mala noche. Procura descansar y tómate esto. En la mesita tenía un vaso de leche y unos ibuprofenos—. A mí también me duele un poco la cabeza, pero en fin, voy a un congreso de médicos dijo sonriendo.
Le dio un beso en la frente y se fue con su pequeña maleta. Pablo quiso decir te quiero, pero no pudo articular palabra.
Unas horas después se levantó a duras penas yencendió el teléfono. Tenía un whatsapp de Rosa:
"Creo que volveré antes de lo previsto, me duele mucho la cabeza. Ya te cuento. Besitos".
Pablo encendió el ordenador y buscó en Google con la esperanza de encontrar otro teléfono o dirección de Saina. Algo habían comido que lo había derrotado, ella tendría que estar igual de mal y, si no lo estaba, lo estaría.Tecleó "Saina Samaniego"... Al momento varios avisos de noticias con su nombre le llamaron la atención, mientras elpánico recorría cada parte de su cuerpo.
"No puede ser ella, tiene que ser una casualidad",pensó.
En la noticia de ABC se incluía una foto junto a la reseña:
"Saina Samaniego, enfermera del hospital de La Paz,es la primera víctima mortal de una nueva e infecciosa cepa de ébola española".
La noticia era de hacía un año. Al parecer, se había contagiado al atender a un paciente infectado.
Miró con detalle la foto. Se le nublaba la vista pero,sin lugar a dudas, era Saina.
Pablo se encontraba mucho peor. Se fue al baño,móvil en mano para llamar a emergencias, y cayó de bruces ante el inodoro completamente febril mientras comenzaba a vomitar sangre.
Se incorporó y se miró en el espejo pero, en vez de su imagen, vio un fondo oscuro, opaco y negro. Delante de éluna mujer con la cara podrida, con un inconfundible pelopeinado hacia atrás pero mucho más ralo y escaso que la última vez que la había visto, le miraba con ojos inyectados en sangre. La imagen duró apenas unos segundos, pero una terrible sensación de terror y pánico recorrió todo el cuerpo de Pablo.
Miró el móvil. Tenía un whatsapp:
"Tienes muy mal aspecto. El año que viene me buscaré a otro que me lleve a cenar por mi cumpleaños".
Pablo dio a la tecla de llamar:
"El teléfono marcado no existe".
Quiso marcar el 112 de emergencias, pero se desvaneció inconsciente.

FIN
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